En Torcello me han contado un cuento

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Ayer visité la pequeña isla de Torcello, otra más de las muchas que componen la Laguna Veneciana. Parece que le estoy encontrando la gracia a ir saltando de isla en isla… En este caso, sin embargo, el viaje se hace largo y un poco complicado, porque para llegar hay que hacer ni más ni menos que seis trasbordos (con sus respectivas esperas, claro), que se dice pronto.

Torcello está a tiro de piedra de la colorida isla de Burano (no más de cinco minutos) y, a pesar de que ahora cuenta con poco más de una veintena de habitantes, fue la isla más poblada de la Laguna Veneciana y una importante metrópolis bizantina.

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Para llegar hay que pasar forzosamente por Burano y desde allí tomar la Línea 9 (que cubre únicamente el trayecto Burano – Torcello y vuelta, con una frecuencia de media hora) hasta Torcello. Desde San Marcos, hay que dirigirse a la plataforma A y tomar el vaporetto hacia Punta Sabbioni (dos paradas); de allí, otro vaporetto y una parada más te lleva a Treporti. El siguiente autobús acuático te recoge y te lleva a Burano en dos paradas (Línea 12). Una vez allí, ya sólo queda esperar la llegada del último vaporetto hacia Torcello.

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Este es el barco que recorre el último tramo del recorrido hasta la isla de Torcello

Al bajar del vaporetto, no hay más que seguir la fondamenta (tramo de calle que rodea un canal o un río), el único camino accesible. Sorprende lo vacío que está todo y, aun así, lo primero que se ve son algunos bares y restaurantes, quizá lo único que me ha recordado que seguía en Italia, en donde se vive para comer.

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Es sorprendente lo solitaria que es la isla
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Ni siquiera en una isla pequeña y poco habitada como Torcello se pierden las buenas costumbres

Cuenta la leyenda que, durante la ocupación austríaca de Venecia, una bella muchacha (siempre son bellas, claro) de la Serenissima se enamoró de un oficial del ejército ocupante, una historia de amor claramente imposible (siempre hay también un gran drama, como toda leyenda que se precie). Los padres, avergonzados e íntimamente ofendidos por los sentimientos de la hija, hicieron lo imposible por separarles alejándola de Venecia. Sin embargo, los dos enamorados consiguieron seguir viéndose.

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La enamorada [fotografía tomada durante el Carnaval de Venecia de hace unos días y que aquí me funciona genial para darle colorido al relato]
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El enamorado [otra fotografía que tomé durante el Carnaval]

La historia, por desgracia, no podía durar y de hecho no lo hizo, porque un fatídico día el oficial austríaco fue herido de muerte a manos de algún oligarca veneciano.

La muchacha, inconsolable tras la muerte de su amado, se abandonó, dejó de comer y llegó al borde de la muerte. Un amigo de la familia, en vista de la situación, les contó que quizá hubiera una forma de reunir a los dos amantes, y dio a los desconsolados padres el nombre y la dirección de una hechicera que, se decía, tenía el poder de mediar entre las almas con la ayuda de demonios y espíritus diabólicos (como corresponde a toda buena bruja, ¿no es así?).

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La hechicera [y otra foto más del Carnevale]
Los padres acompañaron a la muchacha a casa de la bruja. En un cuarto oscuro y lleno de humo, adornado con cráneos, lagartos disecados y frascos de pociones de todo tipo (¿entráis en situación, chicos?), la vieja hechicera empezó a conjurar a uno de esos demonios que, según la creencia, guardan bajo la lengua las llaves mágicas con el poder de cambiar el tiempo y el espacio.

Cuando el demonio hizo acto de presencia llegó a un acuerdo con la bruja según el cual permitiría a los dos amantes reencontrarse a cambio de que la hechicera le entregara las almas de siete niños cristianos (¡cómo es el demonio, leñe!).

Para el encuentro de la pareja era imprescindible encontrar un puente en un lugar aislado, y eligieron el puente de Torcello. Unos días antes de Nochebuena, la hechicera y la muchacha se encontraron en plena noche en la riva derecha del puente.

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¡Si las piedras hablaran!

Cerca de la medianoche, la hechicera entregó una vela encendida a la joven veneciana y le ordenó silencio mientras ella iba hasta la mitad del puente para conjurar desde allí al diablo. El demonio se materializó negro y gigantesco y, sin mediar palabra, tomó una de las llaves de oro que guardaba bajo la lengua para entregársela a la hechicera.

La bruja arrojó la llave al agua en la que se reflejaba el puente bajo la luz de la luna y al otro lado apareció, en ese mismo instante, el apuesto oficial austríaco. La muchacha cruzó entonces el puente pasando entre el demonio y la bruja. Cuando por fin se reunió con su amado, la chica sopló y apagó la vela, y ambos desaparecieron para siempre.

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¿Debía ser así el reflejo del puente en el agua durante la aparición del diablo? Aquí no hay luna todavía, pero haced la vista gorda

Mientrastanto, el demonio y la bruja quedaron en encontrarse la noche antes de Navidad para materializar el acuerdo. El diablo eligió esa noche porque el 24 de diciembre las fuerzas del bien están ocupadas en otros menesteres, claro; sin embargo, en esa ocasión, algo salió mal.

Las casas de la época eran de madera y los inviernos fríos; la gente encendía el fuego, luego se olvidaba de apagarlo, la llama prendía y la gente acababa muriendo. Eso precisamente le sucedió esa noche a la bruja, que por supuesto no pudo acudir a su cita con el diablo para pagarle el favor.

Desde entonces, en Nochebuena, sin faltar ni una vez, un gato negro (¿qué habrán hecho los pobres gatos negros para tener tan mala fama con lo que a mí me gustan?) se pasea por el puente de Torcello esperando inútilmente a que la bruja venga a entregarle las almas de siete niños cristianos como había prometido.

El gato es real (Torcello está llena de gatos), pero se trata seguramente de Nerina, la gata negra de la Locanda Cipriani (locanda puede traducirse como fonda, hostal, posada; la Cipriani tiene mucha historia y más renombre por haber hospedado a reyes y nobles, a grandes figuras de la literatura como Hemingway y Dos Passos, a políticos, actores, cantantes, músicos, cineastas, pintores y, en fin, personalidades de todo tipo; además, el dueño, Giuseppe Cipriani fue conocido en el mundo entero por ser también el propietario del mítico Harry’s Bar de Venecia), que va en busca de los gatos de Giuliana, la decana octogenaria de la isla cuya casa está justo enfrente del puente de Torcello, el ponte del Diavolo (el puente del Diablo), que es el nombre con el que se conoce el puente de los amantes desde ese extraño suceso.

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Torcello, la isla de los gatos
La casa de Giuliana
La casa de Giuliana (recuerdo que pensé que podría quedarme aquí durante mucho, mucho tiempo y ni siquiera me habían hablado aun de la leyenda del lugar)

¿Os ha gustado la historia? A mí me fascina este tipo de tradición popular que va pasando de generación en generación y que tuve la suerte de escuchar de primera mano en este viaje. Leyendas aparte, el puente del Diablo (restaurado en 2009) es también conocido por ser uno de los dos únicos puentes de toda la Laguna que no tiene pretiles (el otro es el puente privado de Rio San Felice, cerca de la Scuola Grande della Misericordia). Antiguamente, este puente conectaba la parte habitada de la isla con la parte reservada a huertos y jardines.

Unos metros más adelante nos encontramos con otro puente, el ponte de Santa Maria, este libre de historias fabulosas y también restaurado recientemente (2012).

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Continuando por el camino de la fondamenta se llega a la zona central de la isla, la piazza de Torcello (plaza con hierba, no enlosada). Lo primero que se ve es el llamado Trono di Attila (el Trono de Atila), una silla de piedra blanca, probablemente utilizada por el obispo de Torcello en la antigüedad (y que, a pesar del nombre, nada tiene que ver con el rey de los Hunos).

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Justo al lado se encuentra el museo de Torcello (precio de la entrada: 3,00 euros), que cuenta con una colección de restos arqueológicos de las épocas bizantina y medieval, todos ellos hallados en la isla.

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En el exterior del museo también se exhiben algunas piezas

A la derecha de la plaza se encuentra la Chiesa de Santa Fosca (iglesia de Santa Fosca), empezada a construir a principios del siglo XI con el fin de dar reposo a los restos de la Santa, la virgen mártir de Rávena, y de Santa Maura, su enfermera y compañera de martirio. Los restos de ambas se habían trasladado a Torcello anteriormente. 

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El porche de la iglesia de Santa Fosca (siglo XII) es posterior al resto de la fachada (siglo XI)
Los restos de la santa se exhiben en una urna debajo del altar
Los restos de la Santa se exhiben en una urna iluminada situada bajo el altar
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En el exterior se puede contemplar el bajo relieve de principios del siglo XV que muestra a la Santa siendo venerada

La Basilica de Santa Maria Assunta (precio de la entrada: 5,00 euros) está situada justo al lado de la iglesia de Santa Fosca y es el monumento más conocido de la isla, sin duda por los mosaicos bizantinos de su interior y por ser la iglesia más antigua de toda la Laguna (erigida en el siglo VII).

La Basílica de Santa Maria Assunta
La basílica de Santa María Asunta, la iglesia más antigua de toda la Laguna Veneciana
El edificio circular en ruinas de enfrente corresponde a lo que fue el baptisterio del edificio original del siglo VII
El edificio circular en ruinas de enfrente corresponde a lo que fue el baptisterio del edificio original del siglo VII
Mosaico del Juicio Universal (c. 1000 AC)
Mosaico del Juicio Universal (c. 1000 AC)
Un detalle del mosaico, que no le hace ninguna justicia, puesto que es mag-ní-fi-co
Un detalle del mosaico, que no le hace ninguna justicia; en directo es magnífico y bastante inquietante, la verdad

El campanile (campanario) estaba cerrado “por obras de mantenimiento especiales”, según pude leer en el cartelito de la puerta, así que otra vez será (precio de la entrada al campanario: 5,00 euros; entrada combinada a la basílica y al campanario: 9,00 euros).

Al menos lo ví por fuera
Al menos lo vi por fuera

Es hora de tomar el último vaporetto y jugar otra vez a subir y bajar de uno a otro hasta llegar a mi destino. Son las seis y Torcello está cerrando sus puertas. Pasaré por el puente de nuevo, quizás me encuentre cara a cara con el diablo…

 

*

 

 

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