Un caballero, un dragón, un rey y una princesa

Hoy, día 23 de abril, en Catalunya celebramos la Diada de Sant Jordi (Día de San Jorge), uno de mis días favoritos del año. ¿Cómo resistirse a un cuento romántico de princesa en apuros salvada por un caballero guapo y valiente cabalgando un corcel en pleno medioevo? ¿Cómo no sucumbir ante el obsequio de una preciosa rosa roja? ¿Qué hacer frente a miles de novedades literarias expuestas en bonitos puestos callejeros y, en muchos casos, con su autor presente? ¡Uf!

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Caballero y mártir, Sant Jordi es el héroe de una gran gesta caballeresca que la tradición catalana sitúa en las inmediaciones del pueblo medieval de Montblanc.Montblanc_murallaCuenta la leyenda que la villa de Montblanc (capital de la Conca de Barberà) vivía bajo el yugo de un feroz dragón. La bestia, que podía moverse por tierra, mar y aire, poseía un aliento tan apestoso que envenenaba el aire y provocaba la muerte de todo aquel que lo respiraba. Es de suponer que causaba verdaderos estragos entre los rebaños y los habitantes de esos lares, sembrando el más profundo terror.

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Muralla de Montblanc: el perímetro del recinto amurallado es de unos 1500 metros y rodea todo el núcleo de la población antigua; está construida, en su mayoría, con piedra y mortero

Los habitantes pensaron en entregarle una persona cada día para que le sirviera de presa y así evitar que arremetiese contra todo y contra todos. Para ello, se celebraba un sorteo entre todos los habitantes del pueblo y la fortuna decidía la próxima víctima. Así se hizo durante mucho tiempo, y el dragón estaba satisfecho y controlado.

Sin embargo, llegó el día en que la suerte quiso que fuera la hija del rey la destinada a servirle de comida al monstruo. La princesa era joven, gentil y gallarda como ninguna y resultaba muy triste tenerla que entregar a la bestia. Hubo muchos que se ofrecieron para sustituirla, pero el rey, justo e inexorable, se negó aduciendo que su hija era igual a la de cualquiera de sus súbditos y, como tal, debía cumplir con su terrible destino.

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Una calle del núcleo histórico de Montblanc, que fue declarado Conjunto Monumental y Artístico en 1947 por su gran número de edificios conservados del período medieval (siglos XIII y XIV)

Así fue como, ante los ojos de su pueblo, que la miraba desconsolado desde la muralla, la doncella, sola y asustada, salió del castillo, atravesó las murallas de la ciudad y echó a andar hacia la guarida del dragón.

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Alrededores de Montblanc: no es difícil imaginar el encuentro entre el dragón, el caballero y la princesa por aquí, ¿verdad?

Al rato, un joven caballero le salió al paso. Iba montado en un caballo blanco y llevaba una armadura dorada y reluciente. La doncella, desesperada, le instó a irse sin demora si no quería que la fiera que rondaba por allí lo hiciese picadillo. El caballero le aseguró que estaban a salvo, que había acudido para combatir al monstruo y liberarlos a todos de la tiranía del abominable dragón.

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Los personajes de la representación durante la Semana Medieval de la Leyenda de Sant Jordi de Montblanc: el rey, la reina, Sant Jordi (elegido por votación de los socios de la fiesta entre los jóvenes montblanquinos de 21 años) y la princesa (elegida también por votación de los socios entre las jóvenes del pueblo de 18 años de edad)

**Para leer la versión original, recogida por el maestro folclorista Joan Amades en su Costumari català, saltaos el párrafo siguiente e id directamente a los tres párrafos finales escritos en cursiva.  Si, por el contrario, os apetece terminar la leyenda con la adaptación (mucho más conocida) y entender el porqué de la rosa de Sant Jordi, seguid el orden. [Aunque, bueno, sé que sois ávidos lectores y curiosos empedernidos, así que seguramente leeréis las dos, ¿no es así?].

Nada más terminó de hablar, apareció la bestia ante el horror de la pobre princesa y el regocijo del valeroso Sant Jordi. Se inició una intensa aunque breve lucha hasta que el caballero asestó a la fiera una certera estocada con su lanza y le dio muerte. De la sangre vertida brotó rápidamente un rosal con las rosas más rojas que la princesa había visto jamás. El joven caballero cortó una y se la ofreció a la princesa.

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Bajorrelieve de Sant Jordi y el dragón que vi en el barrio gótico de Barcelona
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“Según cuenta la leyenda, delante de este portal Sant Jordi mató al dragón. Si escucháis en el viento todavía oiréis los bramidos de la bestia. En conmemoración 16·V·87” – Placa en el Portal de Sant Jordi, Montblanc
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Una única rosa como símbolo de fidelidad, roja simbolizando el amor y acompañada de una espiga, que evoca la fertilidad

FIN

En estas que se presenta la fiera. La doncella vio estupefacta cómo el caballero Sant Jordi, atacaba al dragón y lo dejaba maltrecho. Luego, lo ató por el cuello y se lo entregó para que ella misma lo llevara a la ciudad. El monstruo, totalmente amansado, la acompañó mientras la ciudad, que seguía los acontecimientos desde las murallas, esperaba a la princesa y al caballero con los brazos abiertos. Del dragón nada quedó después de que el pueblo en pleno descargara sobre él su odio durante tanto tiempo contenido en medio de la plaza de la villa.

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Plaza Mayor de Montblanc

El rey, profundamente agradecido, quería entregar la mano de su querida hija al aguerrido caballero, pero Sant Jordi le dijo que no la merecía, que había acudido en ayuda de la doncella y del pueblo de Montblanc por una revelación divina y que gracias a la protección de Dios había podido vencer a la bestia. Por tanto, no había hecho nada por él mismo y no merecía recompensa alguna.

Fue entonces cuando el héroe desapareció misteriosamente, igual que había llegado. La leyenda estaba servida.

FIN

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A esta tradición centenaria, se suma el hecho de que en 1995 la UNESCO declaró el 23 de abril Día Internacional del Libro, ya que supuestamente coincide con el fallecimiento de William Shakespeare y Miguel de Cervantes (además de otros literatos importantes como el Inca Garcilaso de la Vega o mucho más recientemente Josep Pla). A lo largo de los años, la Diada se ha consolidado como una fiesta tradicional y hasta romántica, en la que las parejas se intercambian una rosa y un libro.

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