En la Tarragona romana (4): el arc de Berà

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El arc de Berà, que derivaría del nombre del conde Berà (primer conde de Barcelona), es un arco de triunfo construido por los romanos a unos 20 kilómetros al nordeste de Tarragona, en la localidad de Roda de Berà. Se trata de uno de los elementos del Conjunto arqueológico de Tarraco, declarado patrimonio de la humanidad por la Unesco en el 2000.

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Antiguo hito marcando la distancia hasta Barcelona

El arco está situado sobre el trazado de la vía Augusta, la que fuera la calzada romana más larga de Hispania y hoy, a esta altura, parte de la N-340. Con una longitud aproximada de 1500 km, discurría desde los Pirineos hasta Cádiz bordeando el Mediterráneo, se prolongaba luego con la vía Domitia, que reseguía la costa del sur de la Galia y llegaba a Roma.

Se trata de un arco honorífico construido con sillares de piedra calcárea local (seguramente procedentes de la cantera de l’Elies, en Roda), es de una sola abertura y presenta ocho falsas pilastras estriadas rematadas por capiteles corintios que sostienen el entablamento, formado por arquitrabe, friso y cornisa.

La inscripción conmemorativa que se conserva, en parte, en el entablamento, «Ex testamento L(ucio) Licini(o) L(ucio) f(ilii) Serg(ia tribu) Surae consa[…]», explica que la construcción del monumento deriva del testamento que dejó dispuesto a finales del siglo I a. C. el ciudadano Lucio Licinio Sura, de la tribu Sergia, una de las 35 a las que se adscribía a todo ciudadano romano para poder ejercer su derecho de voto en los comicios por tribus. Lucio fue un influyente senador romano de Tarraco, amigo personal del emperador Trajano y tres veces cónsul.

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Imagen de 1912, cuando la carretera pasaba por la abertura del monumento
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Hoy en día, el arco se alza en medio de una isleta que bifurca el tráfico

Se construyó en el reinado de Augusto, entre los años 15 y el 5 a. C. en el contexto de la reforma administrativa realizada por este en el año 27 a. C. (en la que Tarraco fue designada capital de la provincia de Hispania Citerior) y en el marco de la renovación de la red viaria hispánica impulsada también por Augusto.

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El arco con su cuerpo central descansando sobre podios, las pilastras acanaladas y el entablamento 

Su aspecto actual se debe a diversas restauraciones realizadas a lo largo del tiempo. El ático, elemento arquitectónico que coronaba el monumento, no se ha conservado así como tampoco parte del entablamento original. El arco ha sido restaurado en cuatro ocasiones: en 1788, 1840, 1936 -cuando fue dinamitado adosando una carga explosiva en una de sus patas-, y 1997.

Además de ser un monumento primordial para el conocimiento de la época romana en estas regiones, el arc de Berà se ha convertido en un símbolo y su imagen ha sido utilizada en el transcurso de diferentes épocas como ejemplo de una romanidad que ha llegado hasta nuestros días.

 

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Esta entrada forma parte de la serie titulada «En la Tarragona romana», que sigue en construcción:

En la Tarragona romana (1): la villa de Centcelles

En la Tarragona romana (2): la cantera del Mèdol

En la Tarragona romana (3): el pont del Diable

 

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