Heidi vive en Suiza (1ª parte) | Buscando la tumba de Johanna Spyri en Zúrich

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Si hay dos libros de los que los suizos se sienten orgullosos esos son El Robinson suizo (o La familia Robinson suiza; Der Schweizerische Robinson, en el original alemán), escrita por Johann David Wyss y publicada en 1812 sobre una familia suiza que naufraga en las Indias Orientales de camino a Port Jackson (Australia), y el libro infantil Heidi, de la escritora Johanna Spyri. Como ya sabes, la obra recibe el nombre del personaje protagonista de la historia, una niña que vive en los Alpes suizos cercanos a la frontera con Austria. Originalmente, Spyri creó la obra en dos partes: Heidi, en 1880, y De nuevo Heidi, en 1881. A partir de 1885, las siguientes ediciones unieron las dos novelas en un solo tomo, y es así cómo se conoce la historia en todo el mundo, ya que las traducciones se basaron en la novela unificada.

Como me gusta mucho visitar los cementerios de los lugares a los que voy, ya sean grandes ciudades o pequeños pueblos que me encuentro en el camino, en mi paso por Zúrich me había propuesto encontrar la tumba de la creadora de Heidi además de las de James Joyce y Thomas Mann, todos ellos enterrados en distintas necrópolis de la capital.

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Puertas de entrada del cementerio Sihlfeld
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Una máquina dispensadora de velas
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Así es la entrada desde el interior

Al principio de mis excursiones por los camposantos del mundo estaba completamente convencida de que encontrar a las personalidades inhumadas en ellos sería una tarea fácil; sin embargo, la experiencia me ha demostrado que no hay que esperar facilidades porque, aunque en algunos se han tomado la molestia de colocar carteles indicadores y hasta te proporcionan un pequeño plano de la ubicación de las tumbas más famosas (como en el de la isla de San Michele de Venecia), otros —a pesar de su gran popularidad— se convierten en un verdadero laberinto del que deseas escapar aun cuando no has encontrado ni la mitad de los ilustres personajes a los que esperabas rendir tributo (el precioso Père Lachaise de París, para mí, resultó ser una pesadilla).

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Así luce la entrada del Friedhof  Sihlfeld; bastante imponente, pero con un plano que no me sirvió de nada
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La avenida principal (foto superior) está flanqueada por dos fuentes, una con la estatua de un hombre…
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y la otra con la figura de una mujer

En este viaje encontré más o menos fácilmente tanto a Joyce como a Mann (dejando de lado las pequeñas odiseas que tuve que hacer para llegar a cada cementerio, que tuvieron lo suyo; ya leerás sobre ello en futuras entradas), pero con la buena de Johanna la cosa se complicó de lo lindo. De hecho, se complicó tanto que tuve que ir dos veces… por eso de que ni de coña me voy yo de aquí sin encontrar esto.

Me las prometía muy felices cuando me di cuenta de que mi alojamiento, aunque cutre, minúsculo y estoy segura que ilegal, al menos tenía de bueno que estaba muy cerca del Friedhof Sihlfeld, el cementerio donde la autora estaba enterrada. Os contaba en la entrada anterior que por el camino me distraje viendo cómo una gente jugaba al ajedrez con un tablero y unas piezas gigantes. Pasé allí un buen rato sin contar con que, aunque iba bien de tiempo según el horario de apertura del Sihlfeld, las horas de luz no se correspondían y, tras una búsqueda de más de tres horas por entre avenidas, caminos y losas escrupulosamente limpios y ordenados, se me echó la noche encima y ya no pude ver nada. Seguí buscando casi una hora más en plena oscuridad, incluso llegué a llamar al timbre de una casa justo al lado de la entrada al recinto en la que vi luz con la esperanza de que pudieran darme indicaciones. Me abrió la puerta un hombre joven que, muy amablemente (¡menos mal!), me dijo que no tenía ni idea de dónde podía estar ubicada la tumba, que él y su familia solo llevaban unos meses viviendo allí y que no tenían nada que ver con el cementerio. Finalmente, tuve que rendirme a la evidencia y abandonar mi misión sin haber cumplido el objetivo que me había traído hasta allí (sigh…).

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Una de las bellas esculturas que decoran gran número de las tumbas del cementerio
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¿Todavía te extraña mi afición a los cementerios?

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Me sigue sorprendiendo la falta de carteles informativos en estos lugares con los nombres de sus residentes más conocidos para facilitarnos la visita a quienes nos gusta pasear por ellos. Para ser justa, debo decir que en el Friedhof Sihlfeld había uno con el mapa del cementerio, pero sin ninguna referencia a Spyri. Incomprensible, sobre todo teniendo en cuenta que se trata de un lugar inmenso y que, si no te acompaña la suerte, puedes pasarte muchas horas buscando, como fue mi caso en esta primera incursión.

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A las 7:30 de la mañana del día siguiente (el 24 de marzo pasado) cruzaba de nuevo la puerta de entrada del cementerio más decidida si cabe a encontrar el lugar de reposo eterno de la escritora que me había traído hasta allí. Esta vez llevaba conmigo todo el equipaje porque, en unas horas, debía tomar el autobús de vuelta a Basilea y porque —debo confesarlo— quería marcharme lo más deprisa posible del alojamiento del infierno que me había tocado en suerte.

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Preparada para iniciar, de nuevo, la búsqueda
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A esas horas, el cementerio estaba desierto y la oficina cerrada, así que tuve que dejar la maleta sin vigilancia

Pues bien, en esta ocasión también costó, pero no tanto. Me había propuesto tomármelo con filosofía e ir con una mente abierta y preparada ante la dificultad (todo muy zen). No sé si fue el positivismo con que me había armado, lo de que «a quien madruga, Dios le ayuda» o la buena onda de haber abandonado el albergue, pero encontré la lápida. Por fin.

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Aspecto del terreno reservado a la familia Spyri
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Johanna, en el centro; su marido Johann Bernhard Spyri, a la izquierda de la imagen, y el hijo de ambos, Diethelm Bernhard Spyri, a la derecha
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La escritora falleció en Zúrich en 1901

¿Conoces a Johanna Spyri? Difícilmente, ¿verdad? Eso es porque la escritora, al alcanzar la fama, se cuidó mucho de preservar su intimidad y, con el tiempo, fue rechazando cada vez más las invitaciones de editores, críticos y gente de letras para hablar en público o prodigarse en los círculos literarios. Es un claro ejemplo de ese fenómeno en que una obra es infinitamente más conocida que su autor.

Si te apetece saber cosas sobre la vida de esta extraordinaria mujer, ahí va algo de su biografía:

Johanna Louise Heusser llegó al mundo el 12 de junio de 1827 en Hirzel, una aldea situada en la verde falda de una colina a 11 km de Zúrich.

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La escritora Johanna Spyri, madre de Heidi y con más de 80 obras a sus espaldas [fuente: twitter]
La cuarta hija del matrimonio formado por el Dr. Johann Heusser y la poetisa Meta Sebweizer fue una niña sensible, con un enorme amor por la música y la naturaleza de los campos alpinos y bosques cercanos a su hogar.

Su primer maestro confundió la timidez de la niña con holgazanería y se dedicó a humillarla ante la clase; afortunadamente, los padres salieron en defensa de la pequeña y la enviaron a la otra escuela de la aldea, que funcionaba en casa del pastor.

A los 14 años, Johanna se fue a vivir con una tía a Zúrich, donde recibió clases de idiomas y piano (más adelante, aprendería también a tocar el arpa); de allí fue enviada a un internado de Yverdon, en la Suiza francófona, durante un año.

A la vuelta, se convirtió en maestra de sus hermanas menores a la vez que se enriquecía intelectual y espiritualmente con numerosas lecturas. En los períodos vacacionales, su afinidad con la naturaleza la llevaría una y otra vez hacia la región de Coira, escenario que luego sería la principal localización de Heidi.

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Johann Bernhard Spyri, el esposo de Johanna [fuente: twitter]
En 1852, un amigo de su hermano Theodor llamado Johann Bernhard Spyri —estudiante de Derecho y editor del Confederated Newspaper— va de visita a casa de su compañero, conoce a Johanna, se enamoran y terminan casándose, tras lo cual se establecen definitivamente en Zúrich.

Para vencer la nostalgia que sentía de su lugar de nacimiento, la futura autora comienza a participar en un grupo artístico y literario. A pesar de ello, su espíritu va decayendo hasta sumirse en una honda depresión y un enorme sentimiento de soledad. Esta vivencia sería trasladada luego a la historia de Heidi, cuando la niña debe abandonar sus adorados Alpes para vivir en Fráncfort, lejos del aire puro y el sonido del viento entre las hojas de los pinos. Solo el nacimiento de su hijo Diethelm Bernhard, en 1855, logró sacarla del pozo en el que había caído.

 

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Johanna con su hijo Diethelm Bernhard [fuente: twitter]
A partir de 1868, el Sr. Spyri es nombrado contador de la ciudad. Debido a las nuevas obligaciones y a tener que frecuentar otros círculos sociales, el matrimonio se muda a una casa en el centro de Zúrich, cercana al lago. Diethelm Bernhard, asimismo, avanza en sus estudios musicales hasta llegar a ser un buen violinista, y ejecuta dúos con su madre al piano. Es durante esta época cuando Johanna comienza a escribir con intensidad, con el objeto de recaudar fondos para Cruz Roja Internacional, y su primer libro, Una hoja en la tumba de Vrony (Ein Blatt auf Vrony’s Grab), ve la luz en 1871, firmado solo con las iniciales J. S.

A los 43 años y con Europa sumida en plena guerra franco-prusiana, la pluma de la ya autora abordó con pasión los propios recuerdos infantiles plasmándolos con gran maestría en la vida de la niña huérfana que se va a vivir a las montañas con su abuelo, el Viejo de los Alpes. Había nacido Heidi, que se publicaría diez años más tarde, en 1880, ya con el nombre completo de su autora.

1884 es un año que la marcaría para siempre, pues fallecen primero su hijo, aquejado de una larga enfermedad, y luego su esposo y compañero. Decide mudarse a una vivienda más céntrica y una sobrina se traslada a vivir con ella. A partir de entonces, Johanna se vuelca en múltiples obras de caridad y se lanza a escribir para entretener con sus historias a su sobrina, tal como había hecho antes con su hijo.

Algunas cosas más:

– Johanna Spyri siguió viviendo serenamente en Zúrich, escribiendo muchos cuentos sobre niños que viven en las montañas, sus costumbres, animales y paisajes

– En los últimos años de su vida escribió 48 cuentos

– Su país la ha homenajeado en múltiples oportunidades en sellos, postales y monedas.

En la lápida de Johanna figura esta cita bíblica:

«Y ahora, Señor, ¿qué puedo yo esperar?

En ti está mi esperanza»

Con los deberes hechos y mi curiosidad saciada, pude irme dejando a Johanna y a todos los demás difuntos descansando en paz.

 


Cómo llegar:

→ Dirección: Aemtlerstrasse 151

→ Puedes coger el tranvía número 3 desde la estación central que, en 10 minutos, te dejará a la puerta del cementerio.

 

 

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2 comentarios

    1. ¡Qué bien! Me alegra coincidir contigo. Me dan mucha paz, y paso en ellos horas, paseando y tomando fotos, viendo las lápidas y cómo las familias recuerdan, con cariño, a sus seres queridos. Hay mucho amor. Un abrazo y gracias, como siempre, por tus comentarios.

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